domingo, 27 de septiembre de 2009

Ophélie.

-Hola! Tanto tiempo.-dijo la chica.
-Si bastante.-respondió él mientras besaba suavemente su mejilla.
-Jamás pensé que este día llegaría.-continuó la chica, desganada.
-A decir verdad yo tampoco.
-Bueno...-prosiguió la muchacha que en realidad no sabía de que hablar, pese a que tenía muchas cosas que decirle-¿vamos a comer algo?
-Buena idea! Yo conozco un restorán por aquí cerca.-al oír las palabras del muchacho la chica esbozo una amarga sonrisa.

Subieron al auto de Pancho y se dirigieron a aquel restorán donde hace cerca de dos años se vieron por primera vez.

-¿Puedo abrir la ventana?
-Por supuesto.
-Francisco... ya no te asusto?
-La verdad es que no, ya te dije que quería estar contigo, vivo o muerto.
-¡Entiende! No te voy a matar!
-Lo sé, pero podrías convertirme.-respondió el chico, mientas la chica lo miraba con enfado.-¡No te enojes!
-¿Cómo quieres que no esté enojada? Hasta ahora te he alejado, te he evitado. Tú sabes... no voy a beber tu sangre, ¡ni mucho menos convertirte en un monstruo!
-Te amo Ophélie.
-¡Te dije que no me llamaras así!
-¡Pero si es tu nombre y es hermoso!-ambos callaron.
-Sé que me amas, pero eso no puede ser... Yo estoy muerta y ya no soy más Ophélie... recuerda llamarme Elena.
-¡Eso significa que nos seguiremos viendo!
-¡Francisco! ¡Esto no es un juego de niños! Tú tienes tan sólo 25 años, y aún no has vivido lo suficiente... A decir verdad creo que jamás podría hacerte eso.
-No quieres pasar tu vida junto a mí.-Resolvió tristemente Francisco.
-Me encantaría haber pasado mi vida junto a ti, pero entiende... Mi vida ya se fue, se extinguió, se extinguió mucho antes de conocerte.
-Ophélie... ¡Por favor! –Suplicó él.
-El asunto ya está resuelto. Yo sólo acepté tu invitación para dejarte las cosas claras. Tú nunca vas a saber lo que es sufrir de este modo. Ponte a pensar. He matado a muchas, muchas personas; a niños, hombres mujeres, bebes-al decir esto se le hizo agua la boca, la sangre de los bebes es realmente sabrosa para los vampiros.- ¡No puedo estar contigo! ¡Soy un monstruo!.- Se acercó a la cara de Francisco y suavemente posó sus labios sobre los de su amado. Y con ese calido, tierno, pero a la vez apasionado beso la chica experimentó algo que nunca había sentido en sus siglos de existencia, por un momento sintió que tocaba el cielo con las manos, sintió la redención y una lágrima de sangre rodó por su mejilla.-Adiós.

-¡Ophélie!-gritó Pancho, pero la vampiresa ya no estaba, había desaparecido para siempre de su vida.

2 comentarios:

Mrs. Hatter dijo...

Te voy a pegar xD si no sabías que decirme no hubieses escrito 'que mal' pero bueno e_e

de qé es lo qe escribiste en esta entrada?

Ardilla Errante :v dijo...

De nada :B !