jueves, 26 de marzo de 2015

Huí

Decidí ir a la misma librería en que un par de días atrás había comprado un par de plumones con un mi antiguo jefe. Todos los vendedores se hallaban ocupados, pero uno de ellos me dijo que me atendería enseguida. Era lindo. Muy lindo y amable.

- ¿Dijo que necesitaba papel calco?- me preguntó el vendedor.
- Sí, necesito una hoja de papel calco.
- ¿Negra o azul?
- En realidad no sé, quiero una de cada una.
- ¿Algo más?
- ¿Venden lápices de técnicos?
- Sí, ¿de cuáles busca?
- Ninguno en especial, sólo me dieron ganas de dibujar.
- ¡Qué tierna!- Me miró y sonrió.
- ¿Qué?- Pregunté subiendo sin querer el tono de mi voz, sin poder ocultar mi sorpresa.
- Es que me pareció tierno, lo que dijiste sonó tierno.

En ese momento descubrí que aún tenía la capacidad de avergonzarme tontamente y desde ese momento sólo miraba al suelo, mientras me ruborizaba paulatinamente. Finalmente pagué pronto las cosas y me fui,

viernes, 13 de marzo de 2015

Ayer.

El fantasma de nuestro tiempo felices me seguía y no me dejaba continuar.Tú me seguías y no me dejabas de confundir.
 Un te amo y un te odio en la misma boca a la misma vez queriendo ser pronunciado. De tu boca sólo quería escuchar palabras que me llevaran a la redención, un "no te quiero" que escondiera un no te amo. Quise tantas cosas de ti, pero más que todo anhelaba tu sinceridad, cosa que nunca tuve.
Tus ojos mentirosos me miraban con ternura, tu boca mentirosa me decía que te faltaban mis besos para vivir. Tu nariz en mi cuello me decía que necesitabas de mi aroma, tu corazón latía más rápido cada vez que acercaba a tu pecho mis oídos. Tus brazos me rodeaban sin dejarme escapar de tus mentiras.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Su propio amor.

La triste melodía que se desprendía de su guitarra se disipó, junto con la desgarrada voz que cantaba una canción de amor.
Tatuó en en su cara una sonrisa, mientras inundaba los rincones con su risa, comenzando los días de alegría.

Una nueva canción en el aire brotó, esta vez era de un verdadero amor.

lunes, 2 de marzo de 2015

En un abrir y cerrar de ojos.

Y luego de verlo tantas veces enojado, tantas veces riendo, tantas veces irritado y de mirarlo trabajar. Lo comenzó a admirar, a querer. Así de simple y para siempre, como cuando por primera vez probó el dulce sabor de un algodón de azúcar de color azul.