Allí estaba ella con su corazón desgarrado, esperando una señal, una palabra, un gesto. Tan sólo un gesto de aprecio le bastaba para continuar con ese amor que tan dentro guardaba. Sin embargo el tiempo iba pasando y no había ningún indicio de que sus sentimientos fueran correspondidos. En ese momento se percató que era mejor dejar volar su amor, dejarlo libre, ser libre, seguir su vida sin él, sin ataduras.
Entonces se marchó sin siquiera mirar atrás, sin reparar en los mil y un gestos de amor que él le brindaba. Nadie dijo una palabra y Ambos asumieron que sus sentimientos jamás fueron correspondidos.