jueves, 26 de marzo de 2015

Huí

Decidí ir a la misma librería en que un par de días atrás había comprado un par de plumones con un mi antiguo jefe. Todos los vendedores se hallaban ocupados, pero uno de ellos me dijo que me atendería enseguida. Era lindo. Muy lindo y amable.

- ¿Dijo que necesitaba papel calco?- me preguntó el vendedor.
- Sí, necesito una hoja de papel calco.
- ¿Negra o azul?
- En realidad no sé, quiero una de cada una.
- ¿Algo más?
- ¿Venden lápices de técnicos?
- Sí, ¿de cuáles busca?
- Ninguno en especial, sólo me dieron ganas de dibujar.
- ¡Qué tierna!- Me miró y sonrió.
- ¿Qué?- Pregunté subiendo sin querer el tono de mi voz, sin poder ocultar mi sorpresa.
- Es que me pareció tierno, lo que dijiste sonó tierno.

En ese momento descubrí que aún tenía la capacidad de avergonzarme tontamente y desde ese momento sólo miraba al suelo, mientras me ruborizaba paulatinamente. Finalmente pagué pronto las cosas y me fui,

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