Temuco, Chile.
Más de treinta grados (Celsius) se hacían sentir sobre la cuidad. Las personas cambiaban los abrigos por poleras, pantalones cortos, faldas y para lidiar con el calor acudían a diversos lugares en busca de bebidas.
-¡Anda el Pato Torres!- Le comentó un caballero, mientras compraba una cerveza.
-¿Qué que? ¿Quién?- Respondió la cajera que no entendía el motivo de su felicidad.
-Ese que sale en la tele, el de teatro en Chilevisión. Pero me dijo que no le contara a nadie.
-Ahhh… ¿De verdad?- La voz sonó tal vez un poco aburrida y sin vida, la verdad es que no le importaba que “Pato Torres” estuviera o no dentro del local. Dedicó una sonrisa al cliente y le dio su boleta, a su vez él iba a la caja contigua a contar nuevamente su historia.
Al cabo de unos minutos…
-Uh! Las cajas están vacías, debe ser por que anda el Pato Torres, ¡más pesado el hombre! ¡Si no pescaba a nadie!
-Sí, debe ser por eso que hay poca gente, así tiene cajas para escoger- respondió la chica con tono animoso.
-Sí, es verdad, mejor para nosotros…
El día terminó, de Pato Torres no se supo nada, tampoco importaba realmente. Fue simplemente un día más de trabajo. Sin embargo, en el ambiente se podía sentir lo que causa una cara conocida, un “famosillo” en el mundo de los plebeyos.