Cuando me percaté que el existía, ya me estaba siguiendo. Soy pequeña, no tengo fuerza. Un blanco fácil. Me aferré a mis amigos y fui a ocultarme de aquel hombre con una deformidad en la mano a la casa de mi abuelo paterno. Sin embargo me encontró. Volví a huir, pero no podía escapar.
Desperté agitada sudando frio. Prendí el televisor y comenzé a ver videos musicales. No podía dormir, aún así decidí volver a la cama. Estúpidamente me tapé hasta la cabeza. ¿Para qué? No sé. Si alguien quisiera dispararme las tapas no servirías de nada. Si hubiera un espíritu… el tercer ojo siempre lo detecta.
Así pasaron un par de horas, me quedé sin pegar pestaña hasta el amanecer. Volví a dormir. Tampoco fue un sueño reparador. Estuvo muy lejos de eso. Amor, amor, amor por todos lados. Luego desolación, aunque yo siempre estaba sola. Demonios y más demonios queriendo matarme… a mí me daba igual.
Volví a despertar, empero decidí no volver a dormir... hasta mañana…