sábado, 3 de enero de 2015

Anhelando lo imposible.

Y ahí estaba ella sintiéndose culpable, sintiéndose extraña, queriendo correr y queriendo quedarse. Una dulce culpabilidad inundaba su mente y cuerpo.
Podía verlo, pero a la vez no podía entenderlo, no entendía nada. Nunca lo entendía. ¿Por qué estaba ahí? ¿Por qué no huía?
Ella sabía que debía estar sola, sola siempre. No funciona, nada funciona si hay otra persona.
Queriendo con desesperación que se vaya, sin embargo deseando que se quede y verlo dormir una vez más.
Sintiendo la tortura de su aroma, queriendo recorrerle con los dedos la su boca, sus ojos, su nariz y posar sus labios sobre los de él.

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