Ella estaba sumergida en el sueño más dulce que jamás había tenido. Podía hablar con él mirándolo a los ojos, podía escuchar su voz, sentirlo y tocarlo. La felicidad la invadía.
Estaba conociendo su mundo, respirando su aire, tocando su cara, buscando sus labios y robándole el aliento.
Había probado el dulce sabor de sus labios y se había perdido en su abrazo.
Al despertar, sus dedos ya no estaban entrelazados, su aliento ya no la rodeaba, el calor se había extinguido. Estaba sola. Tenía que despertar y dejar atrás las utopías volviendo a su realidad fría. Esperando siempre el momento de poder ser feliz otra vez. Queriendo soñar...
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