Con sus ojos llorosos mirando la fuerte luz que proyecta su computador, se encuentra él. En la oscuridad de la noche su piel palidecía, mientras que las comisuras de sus labios esbozaban una sonrisa al leer este texto. Vestía ropa de calle, pese a estar ya en casa y no tener un motivo para salir de ella. Sin embargo, sentía ansias de salir a tomar un poco de aire, despejar su cabeza, ya que detestaba estar tan encerrado como lo estaba...
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