viernes, 2 de abril de 2010

Terremoto grado 7 afectó a la cuidad de Temuco.



El remezón que sacudió nuestras vidas



El irreparable daño que causó el terremoto en mi familia, dejó a todos perplejos, ya que en la oscuridad de la noche no se podía dimensionar la magnitud de lo acontecido, pero llegó la luz del día, las líneas telefónicas y con ello las malas noticias.

El día sábado 27. A las 3:15 horas de la madrugada me venció el cansancio y decidí seguir el ejemplo de mis padres y mi hermana menor he irme a la cama. Mi mejor amigo y mi hermano se quedaron jugando Diablo en otra habitación.

A las 3:34 comienza el sismo. El televisor se apagó. Estaba somnolienta y lo único que se me pasó por la mente para explicarme el hecho de que se apagara el televisor y mi cama se comenzará a sacudir bruscamente fue un Poltergeist. No estaba asustada, solo miraba el techo. De pronto mi hermano llegó a mi puerta y gritó “Terremoto, terremoto”. Desperté.

No recuerdo como, pero tomé mis anteojos, me coloqué zapatillas, saqué a mi hermana de la cama y la llevé al umbral.

Mi papá subió al segundo piso para hacernos bajar. Se llevó a mi hermana y antes de que la tierra se terminara de remecer ya estábamos todos a salvo en el primer piso de la casa. Los minutos que corrieron fueron tensos. Mi papá logró conectar la radio a un generador de luz. El terremoto había sido en Concepción. Las muchas casa en Santiago centro estaban con peligros de derrumbe. Comencé a temer por la vida de mis seres queridos; traté de llamar a una amiga que se encontraba en concepción, pero su teléfono no tenía señal Las líneas se hallaban colapsadas. Intenté comunicarme con muchas personas, pero fue en vano.

Casi no pudimos dormir con las replicas esa noche, ocasionalmente sonaba el teléfono y una voz conocida preguntaba como nos hallábamos, nos contaba su experiencia y nos informaba sobre sus familias.

En el transcurso del día me enteré que muchos de mis familiares que viven en Concepción se quedaron en prácticamente en la calle, sin embargo tenían comida para sobrevivir y se agruparon con sus demás familiares. Pese a las perdidas materiales se encontraban bien.

Esa tarde algunos vecinos llegaban a mi casa; ya sea para informarse, pues extrañamente desde el mismo día del terremoto el notebook de mi hermano captaba las señales WIFI; como simplemente para acompañarnos a tomar el te y capear con entretenidas conversaciones las tardes post-terremoto en las que las replicas están a la orden del día.

Al final del día me comuniqué con uno de mis primos. Me contó que sus abuelos y su tía se encontraban en Dichato el día del suceso y que el maremoto se había llevado a su tía y su abuelo cuando escapaban de la gran ola. Y que milagrosamente su abuela seguía con vida.

Fue irremediable el daño que el terremoto ocasionó tanto a mi familia, como a tantas otras a lo largo de Chile. Nadie nunca pensó que el sismo alcanzaría tales magnitudes, ni tampoco que causaría tanta destrucción material, ni mucho menos humana.



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